¿Haces las cosas a ciegas y sin cuestionártelas?

¿Te sorprende darte cuenta de que no sabes el origen de muchas de las creencias o hábitos que tienes, pero no te has parado a indagar en ello?

¿Cuántas de las cosas que haces en tu vida las haces por pura convicción o, al menos, con conocimiento de causa? La mayoría de nuestros hábitos, de los planes que nos trazamos o, simplemente, nuestro día a día, están definidos por nuestras experiencias y por lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida. Se trata de cosas que asumimos de forma inconsciente y que en contadas ocasiones nos planteamos. Me gustaría ilustrártelo con el ejemplo de la «historia de rosbif», que he extraído del libro de Alejandro Hernández, Vender es fácil si sabe cómo.

La historia de rosbif

Todos los viernes la esposa cocinaba un hermoso rosbif para su marido. Ella se lo presentaba de una manera singular, quitaba la parte de la izquierda y la parte de la derecha al rosbif. Sólo le servía el centro. Así todos los viernes, hasta que un día su marido se decidió a preguntar:
Marido: «Cariño, ¿por qué quitas los dos lados del rosbif cada vez que lo cocinas?»
Esposa: «Pues no lo sé. Es como mi madre lo hacía cuando yo era pequeña».
Marido: «¿Y por qué no llamas a tu madre y le preguntas?»
Esposa: «Mamá, mi marido quiere saber por qué nos servías el rosbif sin los dos lados»
Madre: «Pues no lo sé, hija, es así como lo hacía tu abuela cuando yo era pequeña. Como la tengo a mi lado, le voy a preguntar. Madre, la niña pegunta ¿por qué servía el rosbif sin los dos lados?»
Abuela: «Hija mía, en esa época no había hornos como los de ahora, teníamos hornillos, y para que la carne cupiera en mi estrecho hornillo tenía que quitarle los trozos de lados».
¿Cuántas «historias de rosbif» hay en tu vida? ¿Cuántos comportamientos repites una y otra vez sin cuestionarte su origen o su razón de ser?
¿De verdad lo que haces hoy es lo que realmente quieres? ¿o lo haces porque es lo que hacía tu padre y, antes que él, su padre?La historia de rosbif de nuestro tiempo
Creo que el ámbito laboral es un ejemplo perfecto de historia de rosbif, porque parece que la sociedad se empeña en seguir un modelo que se ha quedado obsoleto, en lugar de alentar a los futuros profesionales a que se preparen para lo que está por llegar (o que incluso ya está aquí).
Los modelos de empleo que conocíamos no tienen sentido en estos nuevos tiempos, y es el cambio de paradigma en la base de la economía lo que ha propiciado esta evolución. De hecho, no es la primera vez que sucede.
Como dice Raimon Samsó en El código del dinero:
En la era agrícola, la riqueza era la tierra.
En la era industrial, la riqueza era el capital.
En la era de la información, la riqueza es la información.
En la era industrial sí tenía sentido la contratación de empleados porque la ubicación física era crucial para la realización del trabajo y, por lo tanto, tenía sentido formar a la población en esa dirección, pero ahora, sabiendo que la nueva moneda de cambio es el conocimiento, resulta incluso arriesgado quedarse anclado en ese modelo.
Es decir que, las reglas del juego han cambiado y quien se empeñe en jugar con las viejas reglas, perderá el juego. Por eso creo que, aunque tenemos cifras de paro espantosas, en realidad SÍ que hay trabajo, de hecho, ¡hay mucho trabajo! pero la sociedad sigue empeñada en servir solo el centro del rosbif en lugar de plantearse servirlo entero, y por eso solo comen unos pocos y el resto pasa hambre.
Hace mucho que me dí cuenta de mi propia historia de rosbif. Desde que empecé a plantearme mi futuro profesional cuando estaba en el colegio, siempre me veía trabajando en una empresa. Estudié en la universidad imaginando cómo sería la temida fase de buscar trabajo y echar currículums en cuanto acabara la carrera, y no se me pasó por la cabeza, ni por un momento, montar mi propio negocio. En mi familia todos trabajaban por cuenta ajena, así que para mí era de cajón que lo que tenía que hacer era meterme en una empresa. No digo ni que sea bueno, ni que sea malo. Solo quiero poner de relieve el hecho de que lo asumí sin más; sin planteármelo. Esa es la cuestión.
Afortunadamente, la vida me ha brindado la oportunidad de vivir situaciones gracias a las cuales he podido replantearme las cosas. Hoy el panorama es muy distinto y puedo afirmar que el camino que estoy siguiendo, lo hago porque yo lo he elegido y que conozco plenamente los motivos y el origen de la idea que persigo, y eso ha contribuido enormemente a mi propia realización personal y estoy muy satisfecha con lo que hago cada día.
Para finalizar quiero decir que creo, sinceramente, que el mundo ha pegado un cambio sin retorno y que urge que la sociedad sea consciente de su historia de rosbif y que le ponga remedio. Y ya para terminar, te dejo con esta cita del filósofo Eric Hoffer, que creo que resume muy bien toda la esencia que he querido transmitir con esta entrada:
Los que están aprendiendo heredarán la tierra, mientras que los que ya saben estarán perfectamente equipados para vivir en un mundo que ya no existe.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *